Durante mucho tiempo busqué respuestas fuera.
Pensaba que algo o alguien tendría aquello que me faltaba.
Con el tiempo comprendí que las respuestas más importantes aparecían cuando aprendía a observarme.
Sin juicio.
Sin castigo.
Sin necesidad de ser perfecta.
Solo observando.
Porque muchas veces el verdadero crecimiento no consiste en avanzar hacia adelante.
Consiste en avanzar hacia dentro.
Comprender nuestras emociones.
Escuchar nuestro cuerpo.
Reconocer nuestras heridas.
Aceptar nuestras luces y nuestras sombras.
Y recordar que seguimos aprendiendo.

