A lo largo de nuestra vida tomamos miles de decisiones.
Y muchas veces esas decisiones parecen diferentes entre sí.
Pero cuando observamos con atención, descubrimos que gran parte de ellas nacen de dos lugares muy distintos.
El amor.
O el miedo.
El miedo nos lleva a protegernos.
A defendernos.
A controlar.
A evitar.
A cerrarnos.
El amor nos lleva a comprender.
A conectar.
A confiar.
A construir.
A abrirnos.
Todos sentimos miedo.
Todos.
Forma parte de la experiencia humana.
Pero cuanto más aprendemos a observarnos, más capaces somos de decidir qué lugar queremos que ocupe ese miedo en nuestra vida.
El verdadero coraje no consiste en luchar contra el mundo.
Consiste en mirar hacia dentro y atrevernos a conocernos.

